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Mequinenza se reivindica como capital de la pesca deportiva de interior
La instalación de la estatua de un siluro en la entrada noreste de la localidad simboliza la importancia del sector y lo peculiar del enclave por las capturas de peces de gran tamaño que se registran
El Ayuntamiento de Mequinenza ha instalado en la zona de descanso de la entada este de la localidad la estatua de un siluro de 3 metros de altura elaborada con acero oxicorten e inoxidable que se acompaña con el lema “Mequinenza capital de la pesca”. Simboliza la importancia que tiene para la localidad la práctica de este deporte que cada año atrae a miles de personas que provienen, en buena parte, del extranjero.
Mequinenza es una localización única para la pesca deportiva ya que es uno de los pocos lugares del mundo que reúne las condiciones idóneas para poder capturar un siluro de más de 100 kilogramos, una carpa de más de 30, un lucio-perca de más de 10 o un blackbass de más de 3 en el mismo entorno. Circunstancia, aseguraba Magda Godia -alcaldesa de Mequinenza-, “que valoran especialmente las personas que cada año nos visitan para practicar su deporte favorito”.
El objetivo que se persigue con la instalación de esta estatua es que se convierta “en un icono para la gente que nos visita y por tanto para la localidad”. Un elemento que no faltará en las fotos de recuerdo y que ayudará a dar a conocer todavía más a Mequinenza como destino turístico para la práctica de la pesca deportiva en el que prácticamente se garantiza la captura de ejemplares de gran tamaño de diversas especies.
La pesca no es el único atractivo que ofrece la localidad. Mequinenza tiene en su rico entorno natural uno de sus pilares para la práctica de actividades como el senderismo o la bicicleta de montaña. Las grandes masas de agua que atraviesan el término municipal son ideales para la práctica de deportes náuticos como el remo o para la observación de un elevado número de especies de aves en el conocido “Aiguabarreig”, la confluencia de los ríos Cinca, Segre y Ebro.
Además hay que añadir la oferta de turismo cultural, con las rutas literarias basadas en los relatos del escritor de Mequinenza Jesús Moncada, la gastronomía o el Complejo Museístico, que repasa la historia de la localidad desde la prehistoria a nuestros días marcada por el agua que representa la vida, la muerte y el resurgir de la localidad. Parada obligatoria es la visita al Museo de la Mina, una galería excavada en plena montaña, en la que se repasan 150 años de pasado minero en el municipio.













