Cada villa, pueblo, ciudad, tiene unos signos diferenciales, reflejados en su historia, en sus documentos, incluso en sus leyendas.
Desde el Ayuntamiento comprobamos que el escudo carecía del reconocimiento oficial que la heráldica requiere, y la bandera no existía.
En cuanto a sus símbolos, teniendo presente la investigación realizada y la constancia de que éstos existieron y como aparecen en una importa municipal de esta villa del año 1852 (torre y conífera) estampada en un documento conservador en el Archivo de la D.P.Z.; En una piedra armera, con los mismos elementos y disposición situada en la casa del ayuntamiento del poblado antiguo, hoy desaparecido, y en el actual sello municipal, se considera que, con base en la tradición y en la estima de su población se agregan el color azul y el metal plata, evocando las aguas de su pantano.
El escudo fue tarea fácil: teníamos uno conocido desde siempre. Escudo cordiforme, apuntado en la base, con el jefe bicóncavo y redondeado en el centro. Cuartelado: primero y cuarto, de plata, una conífera de sinople, frutada de oro y terrasada de sinople; segundo y tercero de azul, una torre almenada de oro, mazonada de sable y aclarada de gules. Sin timbre.
La bandera requería mayor esfuerzo, pues nos faltaban antecedentes en los archivos municipales. Convocamos un concurso entre los ciudadanos y posteriormente solicitamos a la prestigiosa institución Fernando el Católico, de la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza, que como expertos, nos confirmaran todos los detalles que eran necesarios para la correcta elección.
Se trata de un paño de proporción 2/3, cuartelado.
Primero verde con una torre amarilla con puertas y ventanas rojas, 4º verde con conífera banca frutada de amarillo, y 2º y 3º blancos, con dos franjas onduladas azules.
De todo este esfuerzo surgieron nuestro escudo y nuestra bandera, símbolos de unión, patrimonio diferenciado y singular de nuestro pueblo.